Elena Campo Sáez
Miranda Del Ebro, Castilla y León
Eureka, Montana
Estado Unidos
La magia de las pequeñas cosas
domingo, 4 de febrero de 2018
La magia de las pequeñas cosas

Pequeño/a:

Nunca me había parado analizar esta palabra. Inadvertida hasta ahora, ha adquirido un significado totalmente diferente en mi vida, haciéndome cuestionar todas y cada una de sus acepciones.

1.-Que tiene poco tamaño o un tamaño inferior a otros de su misma clase. ¿No os parece increíble que una pequeña hormiga sea capaz de levantar 10 veces su peso? o ¿No es curioso que los buenos perfumes se guarden en envases pequeños?

2.- Breve, poco extenso. ¿No es cierto que lo breve, si bueno, dos veces bueno?

3.- Poco importante o poco intenso. Entonces, ¿por qué un pequeño cambio ha dado un giro de 180º a mi vida?

4.- Modesto de escasos recursos o influencia. La felicidad es interior, por lo tanto no depende de lo que tenemos, sino de lo que somos.

5.-De corta edad. Leyendas como Mozart que escribió su primera ópera con 11 años; Michael Jackson, que con tan solo 4 años pisó por primera vez un escenario o Scarlett Johansson que con 9 años rodó su primera película han demostrado que la edad es tan solo un número.

6.-Bajo, abatido y humilde, como contrapuesto o poderoso y soberbio. La humildad es una virtud de las grandes personas.

7.-Dicho de una persona de baja estatura. Grandes ídolos de todos los tiempos como Mahatma Gandhi con su metro sesenta cuatro; Schubert, de metro cincuenta y cinco de altura; el ex jugador más bajo de la NBA, Muggsy Bogues, con una estatura de metro cincuenta y nueve; o famosos actuales como Bruno Mars que mide metro sesenta y siete, son claros ejemplos de que la estatura no es un impedimento para ser un grande.

Tras esta reflexión, me he dado cuenta de que la pequeñez es algo subjetivo y que no depende tanto de la estatura, la edad, la extensión, la importancia o la influencia que tenga algo o alguien, así como la forma en la que nos haga sentir o la repercusión que tenga en nosotros.

Esta aventura comenzó haciéndome sentir muy pequeña, cruzando un océano inmenso para acabar en un pequeño punto entre la frontera de Canadá y Estados Unidos.

Al igual que realidades hay tantas como puntos en el mapa, mi realidad se convirtió en Eureka, Montana. Eureka es ese pequeño punto al que ahora puedo llamar hogar y que me ha hecho crecer y aprender a apreciar la magia de las pequeñas cosas.

Esa atmósfera de la Montana más rural, una larga calle principal llena de alegres tiendas y restaurantes, increíbles eventos y abundancia de actividades al aire libre, convierten a Eureka en el sitio perfecto para vivir y experimentar. No solo eso, sus grandes montañas, lagos, el parque Nacional de Kootenai (Kootenai National Park), confluyendo con la parte trasera del Parque Nacional Glaciar (Glacier National Park), conforman un paraje natural de ensueño.

Sin embargo, lo que verdaderamente le hace especial es su gente. ´´Small town with big heart´´- “Una pequeña ciudad con un gran corazón”, así se define esta entrañable comunidad que me ha recibido con los brazos abiertos. Es increíble que un lugar donde más de la mitad de las familias viven por debajo del umbral de la pobreza te ofrezca tanto. Un lugar que te hace ver (y entender) la importancia de ayudar a los demás, y no solo eso, si no que además te hace sentir afortunado y valorar lo que tienes.

No existen palabras para describir la generosidad y simpatía de esta comunidad, dispuesta a arrimar el hombro ante cualquier circunstancia. Cuando llegué, a consecuencia del Caribou Fire muchos hogares habían sido evacuados. La cruz Roja preparó un refugio improvisado en el gimnasio de una iglesia donde muchos voluntarios se ofrecieron a echar una mano. El refugio de animales estaba desbordado y también recibió la asistencia de un montón de personas. Tuve la suerte de poder colaborar en ambos sitios; y fue tan impactante ver a todo el pueblo tan involucrado, que entre todos consiguieron transformar una situación desagradable en algo positivo. Jugar con aquellos niños desplazados que me contaron sus historias con una sonrisa, inaugurar con un dibujo que coloreé con Jewel (una niña de procedencia Amish) una zona de arte en el refugio para colgar mensajes de ánimo, pasear con Laura (una profesora voluntaria), perros que están deseando volver con sus amos, cocinar con la iglesia para todas las personas que no pueden acceder a sus casas… es una sensación tan reconfortante que hace que merezca la pena.

En el día a día, iniciativas como dar desayuno gratis en el colegio y en el instituto o la opción de comer en la cafetería por un mínimo precio son vitales, sobre todo para los niños de aquellas familias de bajos ingresos. Estos pequeños, te reciben muy contentos con un abrazo todas las mañanas, y de alguna forma te hacen sentir especial. Gabby, Elena, Taison, Aly, Kaidance, Evan, Teryl, Skylor, Adam, Aaron, Jake, Patience, Kaitlin, Robert, Tobby, Ethan, Ana, Vella, Aurora, Sophia….os quiero mis niños.

Asimismo, en asignaturas como JMG (Jobs for Montana Graduates), en clubs como Key Club o en deportes como cross country, siempre buscamos formas de ayudar. Por ejemplo, estuvimos preparando una sala para un baile que pretendía recaudar fondos para la restructuración del edificio, serví como camarera en una subasta silenciosa con fines benéficos, llevamos a cabo un programa de reciclaje, colaboramos con la Cruz Roja en una campaña de donación de sangre o recogimos donativos para pagar el tratamiento de una atleta diagnosticada con leucemia. Nuestro propio entrenador, coach Gideon, es todo un ejemplo a seguir por su gran labor benéfica. En su 50 cumpleaños, corrió 50 millas recaudando fondos para una organización de deportistas con necesidades especiales.

Siempre hay alguna oportunidad o evento para echar un cable. Hunters BBQ and Auction fue una de esas ocasiones. Era una subasta para financiar el mantenimiento del gimnasio donde se encontraba, un espacio muy utilizado. Allí, presencié en persona una subasta como en las series americanas ¿Quién da más? o Pareja a la puja que siempre me había llamado la atención, hice pantacaras con los niños, dimos una vuelta en caballo por el vecindario y disfrutamos de un concierto de música country.

También fue toda una experiencia ayudar en la construcción del taller de Ben, que necesitaba un espacio para poder trabajar y alimentar a su numerosa familia. Ese hombre es un fuera de serie, puede fabricar y reparar cualquier cosa que puedas imaginar. De hecho, levantó su casa con sus propias manos y el resultado es impresionante.

Luego llegan las Navidades, y aunque parezca impensable se ubica en Eureka el árbol que brillaría alrededor de la casa Blanca; ante la atenta mirada de los muchos curiosos que se acercaron a escribir su nombre en el camión que lo llevaría a su destino en Washington DC. Lo que es más sorprendente es que ese enorme árbol provenga de Troy, un pequeño pueblo a tan solo dos horas de Eureka.

Las luces, un pequeño desfile y el encendido del pequeño árbol alrededor del cual se concentra la mayoría del pueblo, dan comienzo a las vacaciones favoritas de muchos críos que ilusionados esperan la llegada de papá Noel. Tristemente, no todos tendrán la suerte de despertarse la mañana de Navidad con regalos. Pese a todo, hay mucha gente con buena voluntad, que hace todo lo posible para que eso cambie y que la felicidad llegue a todos los hogares. En muchas oficinas y lugares públicos alrededor del vecindario, árboles con unos adornos un poco peculiares adornaban los pasillos y recibidores. Cada uno de esos adornos llevaba el nombre de un niño de la zona con pocos recursos y sus gustos y aficiones. Muchos residentes cogieron esos adornos para que esos niños tuvieran unas Navidades inolvidables con los regalos que habían pedido. Por si eso ya fuera poco, junto a la iglesia, preparamos decenas de cajas empaquetadas con juguetes, destinadas a niños de países en todo el mundo para que tuvieran unas Navidades únicas.

Pequeños gestos como estos son los que cambian las vidas de las personas. Hoy me siento afortunada de poder decir que han cambiado la mía. Le doy las gracias a esta comunidad y sobre todo a esta familia por haberme acogido. Gracias por todas las nuevas experiencias, por hacerme salir de mi zona de confort, por las aventuras, las sorpresas... Porque hacéis cada momento especial para que me sienta como en casa. Conseguisteis hacerme bailar al ritmo de un happy birthday de lo más original a la guitarra, acompañado de una tarta espectacular por mi 16 cumpleaños; o que no echara nada en falta en mis primeras Navidades lejos de los míos: reinventando la tradición de las 12 uvas con trozos de pera y marshmallows, dándole la bienvenida al año nuevo con fuegos artificiales o celebrando los tres Reyes Magos con un original roscón que escondía una alubia y una moneda de dos euros, con una corona de papel echa a mano para el que la encontrara…

Gracias por todo lo que me habéis enseñado: por llevarme a cazar, por las master clases de costura, por los experimentos en la cocina, por “las súper lecciones” de acordeón…

Vida no hay más que una, y cuando miras atrás, de lo único que te arrepientes es de aquello que no has hecho. Yo no me arrepiento de mis baños vestida en el lago, de lanzarme a la nieve en bikini a menos 30ºbajo cero, de saltar al escenario en el concurso de talentos de Navidad cantando el Feliz Navidad, de empezar una fiesta de baile al lado de un altavoz en una carrera de cross country, de emitir partidos de baloncesto en la radio sin saber cómo funciona, de actuar de mendiga en un musical de Cenicienta sin saber cantar o de participar en un concurso de redacciones para -sin poder creérmelo- acabar ganándolo…

Puede que no todo haya sido de película: que tenga que subir y bajar una colina todos los días para coger el autobús, que me perdiese el baile de Homecoming, que mi Acción de gracias no fuera la típica celebración familiar, que no fuera a comprar a un gran centro comercial en el Black Friday, que el único treat or treat que hiciera en Halloween fuera en un par de tiendas en las que paramos al volver de una conferencia o que la calabaza que íbamos a tallar se la terminara comiendo un ciervo. Pero, ¿Y si os digo que si me dejaran retroceder en el tiempo no cambiaría nada? Es verdad que vivir en lo alto de una colina tiene sus desventajas, pero las vistas no tienen precio. Me perdí Homecoming, pero pasé un fin de semana genial en Canadá. Quizá mi Thanksgiving no fuera muy convencional, pero al celebrarlo en las aduanas donde trabaja Clint; conocí a sus compañeros de trabajo, me enseñaron las instalaciones del edificio y cruzando la frontera me encontré por casualidad a Daniel, un donostiarra de intercambio en Lethbridge. Tampoco experimenté un típico Halloween americano: no me disfracé, ni tallé calabazas, ni hice trick or treat en el vecindario; sin embargo, en la conferencia en Helena, la capital de Montana, me lo pasé de miedo: visitamos el capitolio, conversamos con el vicegobernador, nos dimos un chapuzón en la piscina, hicimos muchas actividades y nos fuimos con un montón de buenos recuerdos y nuevas amistades.

Si todo lo que estoy viviendo no es de película, me alegro de que sea mi realidad. Es lo único que me hace falta para estar viviendo una experiencia realmente inmejorable.

Es cierto, que no pude elegir dónde pasaría esta aventura, pero mi destino no podía haber sido mejor. Eureka ya es una parte de mí, un lugar que llevo en mi corazón y que aunque sea pequeño me hace sentir muy grande.

 

 

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