MAX

El poder de los momentos

Hoy ha sido un día especial. Hoy hace exactamente un mes desde que aterricé en Canadá.

Este mes ha sido increíblemente increíble. Ya solo el día siguiente de que llegué a Calgary nos fuimos de fin de semana en las Rocky Mountains. El día 6 comencé las clases en mi instituto; todo muy americano: los buses amarillos, las taquillas como en las pelis (me costó una semana descubrir cómo se abría eso), el equipo del instituto (Let’s go Knights!). Fui a ver mi primer partido de ice hockey y hasta jugué a hockey con mi hostbrother (él me dijo que se me daba bien, yo le dije que no se le daba bien mentir).

El sábado pasado, los Spanadians que vivimos en Calgary quedamos en Downtown para pasar el día juntos. A parte de ser un día que me lo pasé en grande (gente, ya estamos repitiendo), hubo un momento mientras comíamos en el que alguien preguntó que, si nos dejaran quedar un año más aquí, nos quedaríamos o no. ¿Mi respuesta? Depende.

La cosa es que cada día es totalmente diferente de cualquier día pasado. Aunque tenga ya unas rutinas, ningún día es igual que el anterior. Y como siempre hay días buenos y días malos. Días en los que llego a casa después del instituto y pienso “Bua, hoy he hablado con mucha gente y me he sentido bien con ellos, seguro que conseguiré hacer amigos” y otros en los que entro en mi habitación y pienso “Voy a estar los diez meses solo y sin amigos” y me frustro y lo paso mal. Pero todo tiene solución, no hace falta preocuparse demasiado.

Hoy ha sido un gran día. Hoy estaba con un compañero mío de educación física andando por el pasillo y me ha dicho: “¿Dónde comes tú al mediodía?” y me dice “Te puedes venir con nosotros, ¡quedamos en la cafetería!”. Me quedé en shock, no pensaba que nunca llegase ese día. Y es que comer con alguien que no sea estudiante internacional es el goal número uno de muchos de nosotros. No sabéis lo contento que estaba, ese chico me ha alegrado el día. Justo después de cuatro semanas, creo que al fin haré amigos…

Después de cuatro semanas en Canadá, me he dado cuenta de que da igual qué asignaturas tengas, o si tienes muchos deberes o no; lo que realmente cuenta son los momentos y las personas con las que compartes esos momentos. Hablar cinco minutos con alguien desconocido y ver que hay sintonía entre vosotros, comer tu sándwich no solo sino con gente que te acepte en su grupo, reír con alguien que acabas de conocer. Y es que un momento de felicidad, ni que sea sólo un instante, hace de tu día corriente un gran día.


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