Claudia Azabal Martín
Valladolid, Castilla y León
Rhinelander, Winsconsin
Estado Unidos
(+102) Sabores nuevos
martes, 12 de diciembre de 2017
(+102) Sabores nuevos

A día de hoy puedo decir que llevo 102 días en la nube americana; más de 3 meses de experiencia, de momentos, de aprendizaje... De felicidad. 
3 meses en los que he vivido:

- El Halloween soñado, el auténtico, el de trick or treat casa por casa, el de disfraces y decoraciones, el de boles de Caramelos y pumpkin carving (he encontrado mi pasión en la vida jaja). 

- El reencuentro con la vida de gran ciudad, de calles abarrotadas, edificios, tiendas y más tiendas, murmullo, trafico... He vivido MADISON, LA CAPITAL DE WISCONSIN, MI ESTADO. 

- He aprendido lo que un deporte, en mi caso la natación, te puede dar: amigas, cariño, oportunidades de ver otros lugares, disciplina, compañerismo, cenas motivadoras, noches de risas, nuevos conocimientos deportivos, nuevas habilidades y la capacidad de sentirte orgullosa de ti misma por haber superado entrenamientos dobles, largos a las 6 de la mañana, bajar tiempos y competir dando lo mejor de ti mismo.

- Thanksgiving was lit como dicen aquí. America me ha enseñado a valorar y echar de menos la  comida española, pero con la cena de Thanksgiving se ha puesto muy al nivel. El protagonista, el pavo, estaba buenísimo, y que decir de las mashed potatoes, el stuffing, las green beans y el pumpkin pie... sin palabras. ¿Y la compañía? Insuperable, solo dar gracias por habérmelas encontrado aquí, por tratarme tan bien y por saber que tengo ahora dos familias, una a cada lado del charco. 

- Mañanas blancas del bien recibido dolor en las manos congeladas de tanto jugar con la nieve. Y sí, digo jugar porque me sentí como un niño cuando amanecí con la mirada perdida en el blanco que lo inundaba todo. 

- He tenido la oportunidad de ver en vivo y en directo a la Orquesta Sinfónica de Milwaukee, una de las mejores de EEUU; y para una violinista como yo ha sido un sueño.

Creo que también es momento de gritarle al mundo que el miedo a la soledad es más amedrentador que real. Que el estar lejos de mi gente, salir del círculo y saltar como quien dice al vacío sin saber lo que venía, ha sido la mejor manera de golpearme contra ese muro y ver que era de humo, que el mundo no se vino encima, ni la presión me ahogó, ni las lágrimas me invadieron. Y claro que a veces cuesta, pero es de las cosas que más orgullosa me puedo sentir hasta ahora, de vivir por mí misma, lejos, y de salir del paso como pueda y se me ocurra SOLA. Y porque además te hace saber quién va a estar ahí para cuando caigas, para levantarte y empujarte a seguir sea desde donde sea. 

Y deciros a todos los que hayáis hecho un hueco para leer que el mundo está lleno de gente dispuesta a abrirte los brazos y las puertas de su casa, a preocuparse y apoyarte, a tratarte como a uno de toda la vida, a interesarse por tu historia y a darle valor a la palabra amistad. 

¡¡Hasta la próxima!! Y que estéis donde estéis espero que con estas palabras me sintáis más cerca.